En resumen
San Marco in Boccalama recibió en su día a viajeros, dio refugio a embarcaciones y albergó una comunidad agustina. Cuando el terreno se volvió más difícil de defender, los venecianos hundieron deliberadamente dos barcos viejos junto a la orilla y los usaron como parte de un dique. Siglos después, los arqueólogos encontraron la isla perdida y una galera medieval sorprendentemente completa bajo el fango.
De un vistazo
- Dónde
- La laguna veneciana centro-meridional, cerca de las Motte di Volpego y el canal Campanella
- Conocida por
- Un asentamiento monástico sumergido y dos cascos deliberadamente reutilizados
- Embarcación principal
- Una galera veneciana medieval, de unos 38 metros de largo y 5 metros de ancho
- Segunda embarcación
- Una nave de transporte ancha y de fondo plano, de unos 24 metros de largo y 6 metros de ancho
- Redescubierta
- El asentamiento fue localizado gracias a la investigación de Ernesto Canal a finales de los años sesenta; los cascos se identificaron en estudios de los años noventa
- Excavación principal
- 2001, bajo las autoridades arqueológicas del Véneto
- Por qué importa
- La galera es el único ejemplar medieval bien conservado y sustancialmente completo de su tipo conocido por la arqueología
Desde el agua, poco anuncia San Marco in Boccalama. Ningún campanario marca el horizonte. Ninguna orilla pavimentada detiene la estela. La isla sobrevive en cambio bajo la laguna meridional, entre canales y bajíos, su contorno retenido en muros sumergidos, postes de madera y capas de limo.
Esta no es simplemente la historia de un lugar que desapareció. Es la historia de una isla cuyos habitantes usaron dos barcos retirados como arquitectura: despojándolos, hundiéndolos y fijándolos en el fango para reforzar una orilla vulnerable. Una de esas embarcaciones era una galera veneciana de unos 38 metros de longitud. Su descubrimiento dio a los arqueólogos algo que las pinturas, las normas escritas y los modelos posteriores nunca pudieron ofrecer: la estructura física de una galera medieval, preservada donde había sido colocada siglos antes.
San Marco in Boccalama reúne varias historias. Fue un asentamiento religioso y una parada en una ruta de agua activa. Se asoció con la peste de 1348. Fue alterada por el hundimiento del terreno, las corrientes y la erosión. Finalmente, se convirtió en un yacimiento arqueológico donde la propia laguna había protegido lo que había cubierto.
Una parada en la desembocadura de la Lama
El nombre de la isla conserva su geografía. «Boccalama» hace referencia a la desembocadura de la Lama, un antiguo brazo del Brenta. En la laguna medieval, una posición así importaba. Las vías de agua eran caminos, y las pequeñas islas podían servir como casas religiosas, puntos de desembarco, refugios y hitos a lo largo de las rutas que conectaban Venecia con tierra firme.
Los relatos históricos sitúan aquí una iglesia dedicada a san Marcos y una comunidad agustina. Un documento de 1328 registra obras asociadas al priorato, incluida la restauración de una foresteria —un alojamiento— y una cavana, un refugio cubierto para barcos. Estos estaban a disposición de marineros y viajeros que recorrían la cercana ruta fluvial. San Marco in Boccalama no era, por tanto, un fragmento remoto en el margen de la vida veneciana. Pertenecía a la geografía conectada de la laguna: un lugar modesto pero útil, moldeado por el movimiento.
Su supervivencia, sin embargo, dependía de un equilibrio delicado. El terreno se asentaba. Los niveles de agua y las corrientes cambiaban. Las orillas se remodelaban constantemente. Los venecianos medievales no consideraban estos márgenes como fijos; los mantenían mediante capas de ramas, postes, tierra, piedra y material recuperado. En Boccalama, esa tradición práctica alcanzó una escala extraordinaria.
Cuando un casco se convirtió en cimiento
Las dos embarcaciones halladas junto a la isla no habían naufragado en una tormenta. La evidencia arqueológica indica que fueron preparadas y colocadas deliberadamente.
Sus estructuras superiores habían sido en gran parte retiradas, muy probablemente para recuperar material útil. Los cascos inferiores restantes fueron lastrados, hundidos y sujetados en su lugar mediante grandes postes clavados a su alrededor. Rellenas e incorporadas a una estructura de orilla, las naves actuaron como enormes contenedores de madera: un encofrado para un dique, un refuerzo del terreno o una construcción ribereña asociada.
El gesto fue a la vez económico y preciso. Una embarcación desgastada aún contenía una cantidad considerable de madera trabajada. Su casco curvo y firmemente ensamblado podía formar una estructura de contención ya lista. En una ciudad y una laguna donde la madera era valiosa y la tierra exigía cuidado constante, la reutilización era una forma de inteligencia técnica.
Los investigadores también han identificado filas de postes entre los dos cascos. Su disposición sugiere una estructura considerable abierta hacia el agua, posiblemente un refugio cubierto para embarcaciones vinculado al monasterio. La interpretación sigue siendo cautelosa, pero la relación física es clara: barcos, orilla y arquitectura se habían convertido en parte del mismo frente de trabajo.
Esta es la insólita belleza de Boccalama. Una embarcación diseñada para moverse por el agua recibió un segundo papel: contener el agua.
La galera bajo el fango
Las galeras venecianas se encuentran entre las formas definitorias de la historia mediterránea. Largas y estrechas, propulsadas tanto por remos como por velas, sirvieron en el comercio y en la guerra. Transportaban personas, mensajes y bienes valiosos. También encarnaban un conocimiento especializado, custodiado y perfeccionado dentro del Arsenal veneciano.
Sin embargo, ninguna galera veneciana medieval completa había sobrevivido fuera del agua. Los historiadores dependían de imágenes, documentos, reglamentos de construcción y modelos posteriores. Boccalama cambió esa evidencia.
El casco inferior conservado de la galera mide unos 38 metros de longitud y aproximadamente 5 metros de ancho. Los postes fijados a su alrededor impedían que su madera se dispersara en el sedimento circundante. El fango creó un entorno pobre en oxígeno que ralentizó la descomposición del material orgánico. Lo que desapareció de la vista fue, en parte, salvado por esa misma desaparición.
En la proa, los arqueólogos encontraron un detalle íntimo: un dibujo ligeramente incidido de una galera, de unos 30 centímetros de largo. El boceto muestra el casco, el aparejo, un timón de popa y la disposición de los remos. Su autor es desconocido. Pudo haber sido tallado por un carpintero de ribera antes de instalar una tabla, o por un miembro de la tripulación bajo cubierta. Los excavadores evitaron una respuesta definitiva, y esa incertidumbre forma parte de su atractivo. Sobre la madera de una galera real, alguien que conocía esas embarcaciones dibujó otra.
El hallazgo da escala a un mundo a menudo descrito en términos institucionales. El Arsenal, las rutas marítimas y las flotas estatales eran sistemas inmensos, pero fueron construidos por manos individuales. El grafito hace visible una de esas manos.
Excavar en aguas cambiantes
La arqueología en la laguna requiere un método propio. La visibilidad bajo el agua puede ser inferior a un metro. Las mareas alteran la profundidad de trabajo, las corrientes mueven el sedimento y la madera empapada puede dañarse rápidamente si se deja secar.
En 2001, la investigación de Boccalama se desarrolló en dos etapas. Los arqueólogos excavaron primero los cascos bajo el agua, trabajando estratigráficamente a través del fango. Las profundidades variaban según la marea y la posición, generalmente entre 1,3 y 2,5 metros. Una vez documentadas las secciones, las maderas se cubrieron con geotextil y se aseguraron para limitar la erosión y el retorno del sedimento.
Después se construyó una ataguía de tablestacas alrededor del yacimiento y se bombeó el agua. Incluso en el área de trabajo temporalmente seca, un sistema de riego mantenía la madera antigua constantemente húmeda. Un levantamiento fotogramétrico capturó los cascos con detalle, incluidas imágenes tomadas desde una grúa y un plano más amplio realizado desde el aire.
Tras la documentación, las embarcaciones se cubrieron y sumergieron de nuevo. Esta decisión puede parecer contraintuitiva, pero la madera empapada no puede simplemente extraerse y dejarse secar. La recuperación requiere una conservación extensa, infraestructura y financiación a largo plazo. La preservación in situ, cuidadosamente protegida, fue el camino responsable.
La excavación hizo así visible brevemente la isla perdida, sin pretender que pudiera separarse fácilmente de las condiciones que la habían preservado.
Una isla marcada por la crisis
La historia humana de Boccalama se oscureció en el siglo XIV. Fuentes documentales y arqueológicas relacionan el yacimiento con enterramientos durante la peste de 1348. La investigación histórica indica que la comunidad religiosa había abandonado la isla en 1347, aunque documentos posteriores sugieren un regreso antes del abandono final. Los estudios registraron numerosos enterramientos y restos humanos desplazados en la zona del antiguo monasterio.
La evidencia debe abordarse con mesura. No necesita adornos. En toda Venecia y Europa, la peste negra obligó a las comunidades a responder a una mortalidad sin precedentes. La posición de Boccalama y su terreno religioso preexistente la hicieron parte de esa respuesta.
La isla siguió apareciendo en registros posteriores. Un dique protector se colocó sobre las estructuras abandonadas en 1452, pero no perduró. La cerámica apunta a actividad ocasional hasta el siglo XVI. Los mapas acabaron por describir el lugar como destruido o perdido. Para entonces, la erosión y el hundimiento habían completado un proceso que las obras medievales de la orilla solo pudieron retrasar.
Lo que la laguna conserva
San Marco in Boccalama complica la división familiar entre tierra y agua. Aquí, la tierra se mantuvo gracias a la carpintería naval. Los barcos se convirtieron en orilla. Un monasterio se convirtió en lecho marino arqueológico. El fango ocultó una galera y a la vez la preservó.
El yacimiento también corrige la idea de que los asentamientos menores de la laguna eran periféricos. Formaban una red de rutas, refugios, talleres, casas religiosas y orillas gestionadas. Sus historias explican cómo funcionaba Venecia más allá de sus monumentos más visibles.
Nada en Boccalama es estático. La isla surgió, fue reforzada, habitada, abandonada, reutilizada y sumergida. Incluso la campaña arqueológica dependió de alterar temporalmente el límite entre el agua y la tierra. Esa negociación continua es uno de los temas más profundos de la laguna.
Para comprender Venecia, no basta con mirar lo que se eleva sobre el agua. Parte de su evidencia más clara yace debajo: en una fila de postes, un casco lleno de sedimento y un pequeño dibujo grabado en una tabla por alguien que no podía saber cuánto tiempo lo conservaría la laguna.
Fuentes
- John McManamon, Marco D'Agostino y Stefano Medas, «Excavation and Recording of the Medieval Hulls at San Marco in Boccalama (Venice)», INA Quarterly, vol. 30, n.º 1, 2003, pp. 22–28. Institute of Nautical Archaeology. Fuente
- Marco D'Agostino y Stefano Medas, «Il sito archeologico di San Marco in Boccalama e i relitti medievali», publicado originalmente en Quaderni Trimestrali Consorzio Venezia Nuova, año IX, n.º 2/3, 2001. Fuente
- Marco D'Agostino y Stefano Medas, «San Marco in Boccalama. Le fonti storiche», sección de fuentes históricas del estudio del Consorzio Venezia Nuova. Fuente
- Carlo Beltrame, «The underwater archaeological heritage of the Venice lagoon», Venice and its Lagoons / Venice the Future. Fuente
- Convención de Ramsar sobre los Humedales, Comité Permanente, documento SC36-5, recuadro 5: «Sunken ships in the Venice Lagoon», pp. 19–20. Fuente
- Caterina Balletti, Francesco Guerra y Andrea Lorenzon, «The Venetian Galea: From the Wooden Model to the Digital Model», International Archives of the Photogrammetry, Remote Sensing and Spatial Information Sciences, 2020. Fuente
Este artículo fue investigado y producido de forma independiente. La imagen de cabecera es una reconstrucción editorial y no se presenta como fotografía documental.
